Mónica Sánchez
Docente de Educación de la Universidad Católica San Pablo
Han pasado ya casi 2 años desde que la educación en el Perú cambió a un sistema virtual remoto tanto en básica regular como en el nivel superior. Las casas de los estudiantes y maestros se convirtieron en las aulas, y ahí se vivió más de una anécdota porque recién se aprendía el manejo del micrófono y la cámara.
Fueron años de aprendizaje constante donde los errores brindaron oportunidades para seguir aprendiendo. Los involucrados hicieron su máximo esfuerzo para salir adelante no sólo adquiriendo nuevos conocimientos sino también aprendiendo a ser más empáticos y resilientes. Ambos trabajaron juntos en conocer diversas herramientas tecnológicas para interactuar y también crearon espacios de diálogo para fortalecer el desarrollo social y poder intercambiar experiencias.
Los padres de familia también jugaron un papel fundamental de acompañamiento y de aprendizaje, todos en casa involucrados en tratar de sacar adelante la educación de los niños y jóvenes. Lamentablemente este tiempo dejó en evidencia la desigualdad de oportunidades que se tiene cuando de educación hablamos, grandes brechas que se espera puedan superarse en el regreso a clases.
Este regreso a clases implica no sólo respetar los protocolos de bioseguridad y el distanciamiento social, es aprender a vivir con esta nueva realidad. Es factible que los niños y jóvenes regresen cargados de ansiedad, tensión e impulsividad debido a todo el tiempo que se han encontrado aislados desarrollando clases a distancia, es por eso tan importante tener un plan de recibimiento para ellos. Entendemos que en todos los niveles educativos los maestros tratarán de avanzar y nivelar todo lo que quedó pendiente porque lo cognoscitivo es importante pero no menos importante es la parte emocional de los maestros y estudiantes, por eso no los podemos recibir como si nada hubiera pasado y fueran simplemente unas vacaciones de verano. Este retorno será todo un reto que implicará adecuarnos a este nuevo estilo de vida y de aprendizaje, en base a ello es recomendable crear un clima positivo en el aula utilizando la inteligencia emocional.
¿Pero a que nos referimos cuando decimos clima positivo dentro del salón de clases? Realmente no hay una sola definición porque en un salón de clase encontramos diferentes tipos de profesores y diferentes tipos de alumnos que generan diferentes perfiles grupales de trabajo.
Sin embargo, estamos de acuerdo en que un ambiente óptimo en el salón de clase se caracteriza por lo siguiente: Bajos niveles de conflicto, conductas positivas dentro del salón de clase, cambios fluidos entre un tema y otro, correcta expresión de las emociones de los alumnos y nutrir las relaciones entre maestros, alumnos y sus pares.
Este tipo de clima enriquecedor promueven el uso de la inteligencia emocional. Daniel Goleman define la inteligencia emocional como la capacidad de reconocer nuestros propios sentimientos y los de los demás, de motivarnos y de saber llevar adecuadamente las relaciones.
Recordemos que los maestros guían con el ejemplo y para eso te brindamos cinco sugerencias para recibir a los estudiantes y crear un clima positivo en el aula:
De esta forma el profesor se dará cuenta que el clima dentro de su salón de clase se volverá seguro, libre, respetuoso, nutritivo, relevante, estimulante y flexible tanto para sus estudiantes como para él. Lo que permitirá un clima de armonía.
Este año deberá ser increíble en este retorno a la presencialidad. ¡A disfrutar la experiencia!